Lo primero, decir que no es mi intención que nadie se ofenda con lo que voy a decir, pero hace tiempo que tengo la necesidad de escribir una entrada sobre esto, ya que son incontables las temeridades que veo día a día en la carretera, por parte de este sector. Seguro que fuera del trabajo son gente maravillosa (de hecho casi siempre que me he subido a uno, me he encontrado con una persona agradable) pero cuando están al volante, son un peligro constante para los demás conductores.

Este próximo Noviembre haré mi noveno año con carnet de conducir, y en todo ese tiempo he ido acumulando un odio infernal hacia los taxistas y su forma temeraria de conducir, y es que es ver a uno por la carretera y saber al instante que en cualquier momento te la va a jugar, ¡No falla!. Ya sea en Valencia, Madrid o en
Tatooine, al parecer están cortados por el mismo patrón, eso o les regalaron el carnet en la misma autoescuela. Estoy seguro de que pasarse el día conduciendo debe de ser cansado y muy pesado, pero eso no da ningún derecho a infringir todas las leyes de tráfico existentes, poniendo en peligro la seguridad del resto de personas que están conduciendo. Todos nos cansamos en nuestros respectivos trabajos, pero no por ello vamos dando por saco a los demás trabajadores de la empresa.
Una de las costumbres que más suelo ver y más enfermo me ponen de estos temerarios de la carretera, es cuando se intentan meter en el carril por el que circulas levantando la mano que suelen llevar fuera de la ventanilla, ya sea con el cigarrito o sin el, sin poner intermitentes (por supuesto) y obligándote a frenar de manera brusca, provocando que te acuerdes de él (y del resto de su familia) durante un rato. Cada día se lleva menos poner los intermitentes y más aún por parte de los 'dueños de la carretera'.
Así que he llegado a la conclusión, de que necesito conocer a un taxista, para apagar un poco esa llama que llevo dentro, que ellos han encendido y que se se aviva un poco más cada vez que uno de estos kamikazes 'me la juega' en la carretera.